Petro es el Pueblo

 



Relato desde la dignidad popular

Por: Jaime Calderón 

En el auditorio de la Universidad Industrial de Santander, el 18 de mayo, Jaime Calderón no habló solo como militante o simpatizante. Habló como parte de un pueblo herido, como uno de los millones que siguen esperando justicia, y como alguien que, aun con la rabia en el pecho, conserva la lucidez para entender el momento histórico. Su intervención no fue solo un discurso: fue un acto de conciencia política.

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“¡Pocas veces nace un Gaitán!”, exclamó con fuerza. Y no se trataba de una comparación vacía. Recordó cómo asesinaron sistemáticamente a los líderes populares de Colombia, cómo apagaron una a una las voces que pudieron transformar esta nación desde la raíz. Sin embargo, una sobrevivió: la de Gustavo Petro. “Petro es el pueblo que lucha y no renuncia”, afirmó. Y con esa frase nos miramos unos a otros: emocionados, conscientes de que la historia sigue escribiéndose y que todavía estamos a tiempo.

Calderón pidió un aplauso de pie. No era para alimentar el ego de un mandatario, sino para reconocer el carácter profundamente popular del proyecto que hoy encarna el gobierno. Un proyecto imperfecto, sí, pero valiente. Un gobierno que ofreció su mano tendida al acuerdo nacional, incluso a sus adversarios, y que ha insistido en defender al más débil, al trabajador olvidado, al campesino relegado, a la mujer precarizada.

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Pero en medio del reconocimiento también hubo advertencia. “No podemos caer en la enfermedad infantil del extremismo de enemigo interno”, dijo. Y tenía razón. La izquierda, si quiere vencer, debe superar las disputas mezquinas, el dogmatismo estéril, la trampa del sectarismo. La derecha no se divide cuando ve amenazados sus privilegios; por el contrario, se une con fiereza. ¿Qué esperamos entonces para construir una unidad estratégica desde el pueblo?

Jaime Calderón habló de cabildos, de consulta popular, de la calle como espacio legítimo de resistencia. “Si perdemos, nos matan”, dijo sin eufemismos. Porque no se refería solamente a la derrota electoral, sino a la posibilidad real de que regrese el ciclo del exterminio, del silenciamiento violento, del odio sin rostro. Por eso su llamado fue claro: no más división de la izquierda. Es tiempo de caminar juntos o perecer separados.

El país de la belleza —como lo llama Petro— también es el país de la contradicción, el dolor y la esperanza. En esa tensión habita hoy Colombia. Jaime Calderón nos recordó que no estamos condenados al miedo ni a la resignación. Nos convocó a creer, a actuar, a organizarnos. Porque la historia no la hacen los iluminados, sino los pueblos que deciden no rendirse.

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